Propiedad Intelectual vs Propiedad Social

Acabo de empezar un nuevo módulo del master. Uno titulado “Aspectos legales de la Web 2.0”. Nunca me he sentido especialmente atraído por ninguna asignatura que llevara las palabras “legal” o “derecho” en sus enunciados, así que pensé que pasaría por mi vida sin pena ni gloria. Sin embargo, el profesor, Pablo Fernández, ha conseguido que le diera vueltas a la cabeza sobre un tema en concreto que quiero compartir con todos vosotros:

Barra libre de contenidos digitales. La protección de la labor creativa y la protección del rendimiento económico

Interesante. Aquí se mezclan varios conceptos que me han hecho animarme a crear una entrada en el blog: morales, económicos, sociales…

Empezando por el principio, ¿qué es la protección de derechos intelectuales? A grandes rasgos, lo que busca es proteger el rendimiento económico y autoría de todo aquello que crea una persona (o marca/empresa). Es decir, si yo creo una canción, tengo derechos morales / de autoría sobre la misma, pero también económicos.

A todos os sonarán casos como el de Megaupload y asociaciones como Anonymous que no están muy por la labor de respetar estos derechos intelectuales pero, ¿por qué?

Los principales argumentos son que los autores sacan demasiado beneficio por sus creaciones y que, además, lo hacen durante demasiado tiempo. Entonces, ¿cuál es el precio justo de una obra y durante cuánto tiempo debería de explotarse?

La respuesta no es sencilla. Ahora mismo, dependiendo del tipo de creación, cada autor cobra lo que quiere (o lo que el mercado le paga) y explota sus derechos durante un plazo de tiempo de hasta 70 años. Pero eso no responde la pregunta. El precio y el tiempo son problemas de percepción y eso es algo tan heterogéneo que es imposible ponerle cota.

Voy a dar un pequeño rodeo y voy a citar a José Luis Sampedro: “nos educan para consumir, no para pensar”. Para mí, esta frase resume muy bien el fondo del problema. Estamos en una sociedad que nos enseña que el que más tiene es el que más triunfa. Y para tener más, hay que ganar más, a costa de lo que sea. Es esta concepción consumista de la vida la que ha conseguido mantener a flote un sistema capitalista que ha resultado no ser tan beneficioso para todo el mundo como hemos querido creer.

Un poco de historia

¿De dónde vienen los derechos de autor? No son un concepto nuevo, pero tienen un punto de inflexión en el S.XIV, cuando Don Juan Manuel, el autor de “El Conde Lucanor”, pide que se respete su obra íntegra. Anteriormente, y desde finales del s. XI que empiezan a firmarse las obras, estas no eran respetadas ya que eran adaptadas a discreción de los copistas dependiendo de sus gustos personales o para poder adaptarlas a las constumbres y usos del país a cuyo idioma se estaban traduciendo.

En esta primera época, los autores consideraban que las obras no les pertenecían ya que ellos eran meros instrumentos en manos de Dios, por eso no se oponían a la modificación de la obra.

No fue hasta finales del S.XIX, en plena revolución industrial, cuando Charles Dickens reivindicó sus derechos de autor sobre las obras vendidas.

La evolución del concepto de creación y de los derechos de los autores ha sufrido una evolución que, en un análisis un poco superficial, parece seguir un paralelismo con la propia evolución del pensamiento humano y su concepto del mundo y posición dentro del mundo.

Quizás por ese motivo de esta sociedad consumista nace el concepto de derecho de la propiedad intelectual, para que aquel que crea algo, no sólo tenga reconocimiento sobre lo que ha creado, sino que, además, tenga el derecho a cobrar lo que quiera por su obra siempre que esta sea reproducida, mostrada, usada o lo que sea.

Con el paso del tiempo, y debido en gran parte a la codicia de algunos creadores en contraposición a la facilidad de intercambio de información que nos da la red, los consumidores nos hemos planteado si este sistema es justo. Si es justo que paguemos hasta 18€ por un disco de un músico en el que sólo vienen 12 canciones (cuando solían venir 18 por el mismo precio) de las cuáles sólo nos gustan 2, o si es justo que paguemos lo mismo por un libro recién salido del horno de Ken Follet que por uno de Miguel Hernández, que está libre de derechos y cuyo coste es igual que el de Ken Follet a pesar de su coste no va más allá que el papel sobre el que está escrito.

El pago por las obras nos genera, además, un dilema si lo comparamos con los productos de consumo. ¿Si no pago al fabricante de sillas por cada persona que se sienta en ellas, por qué tengo que pagar al músico cada vez que pongo su canción en mi bar? ¿Más aún, quién se beneficia más de la reproducción? ¿yo por ponerla en mi bar o el músico al que le estoy haciendo promoción gratuíta? Yo diría que, como mínimo, la cosa está al 50%.

Pero si nos quedarámos sólo con obras con la comparación entre productos de consumo y autores de obras musicales, libros o arte, estaríamos dejando de lado creaciones que deberían ser, desde el momento de su creación, patrimonio de la sociedad. Hablo de medicamentos, tecnología o ingeniería (entro otros) que pueda ayudar a mejorar las condiciones de vida de los más necesitados: medicamentos contra el sida o el cáncer, licencias de cultivos resistentes a sequías, generadores de energía libre o de punto 0. ¿Es lícito que un tratamiento contra el cáncer sea un lujo en algunos países por el coste que supone para los pacientes, o que haya países que sufren hambrunas cíclicas cuando existen cierto tipo de cultivos que podrían solucionarlo pero cuyas licencias están en manos de unos pocos?

El problema de los derechos de propiedad no es tema baladí. En el caso de cultivos, hay empresas que poseen los derechos sobre cierto tipo de semillas, tan sólo una variedad dentro de un cereal, fruta o verdura pero que, con el paso del tiempo y por su resistencia y rapidez de crecimiento, se están conviritiendo en la única variedad existente dando, por tanto, a sus dueños el monopolio sobre esa fruta, verdura o cereal.

Aquí mezclamos los conceptos de licencias y derechos de autor pero, ¿no se basa una licencia en los derechos de explotación exclusiva sobre un producto que ha creado una empresa? Al final viene ser, si no lo mismo, algo muy parecido.

Afortunadamente, la aparición de la red ha sido, sin duda alguna, un punto de inflexión que ha marcado un punto de no retorno en muchas formas tradicionales de negocio. Mientras que los bienes de consumo se han adaptado y han encontrado una oportunidad única de reducir costes al reducir la cantidad de puntos de venta (o vender exclusivamente online, como Amazon), aquellos que crean han perdido su principal fuente de ingresos y les está costando mucho adaptarse, por eso se aferran con uñas y dientes a los derechos de propiedad intelectual.

Mientras que algunos creadores como John Locke, sacan un libro cada dos meses y los venden online por 1€ haciendo un gran negocio, o U2, que saca un disco e ingresa millones por una gira de dos años dándole mucho más beneficios que la venta de las canciones (no hablo de discos ya, que están casi extintos), otros pretenden seguir viviendo de épocas de gloria y de derechos de obras de hace 20 años.

Además, la dudosa forma de cobrar y repartir los derechos de autor no ha hecho demasiado por mejorar las simpatías de los consumidores hacia los creadores. Teddy Bautista, el ya extinto canon tecnológico… Al criminalizar a todo el mundo, sin tener en consideración la presunción de inocencia, por un delito que podíamos cometer, nos ha llevado de la mano a cometer ese mismo delito por el que hemos sido criminalizados. Si voy a cumplir condena por un delito, lo mínimo que puedo hacer es cometerlo.

Todas estas dudosas acciones por parte de algunos creadores, no han hecho más que abrir la brecha entre consumidor y creador, haciendo que cada vez la sociedad se plantee más la validez de las actuales reglas del juego sobre los derechos de propiedad intelectual.

Pero es que, además, estamos en un nuevo panorama donde lo que se hacía hace cinco años ya no vale. Un panorama donde la facilidad de intercambio de información es infinitamente mayor que hace diez años. Y como el panorama ha cambiado, creadores, productores y usuarios no podemos quedarnos anclados ni ser reticentes al cambio, nos toca asimilar que estamos ante una nueva situación y adaptarnos.

¿Qué es un creador?

Por otro lado, ¿qué es un creador? Yo tengo un trabajo creativo. Todos los días genero ideas que luego son utilizadas para hacer promoción de la empresa para la que trabajo. Sin embargo, no puedo sacar provecho de esas ideas más allá de lo que mi sueldo dicta. Pero mis ideas tampoco son propiedad de mi empresa y pueden -y de hecho son- copiadas por la competencia. ¿Yo qué saco de todo esto? ¿Puedo registrar mi obra? y, si lo hago, ¿cómo reclamo mis derechos?

La respuesta a estas preguntas es nada, sí y no puedo sin pasar por penurias administrativas y legales. Soy igual de creador que un escritor o un músico, pero no cobro un canon por ello porque está socialmente aceptado que va incluído en mi salario.

Por lo tanto, no todo el que crea puede registrar sus creaciones -por lo menos de manera sencilla- ni todo lo registrado puede ser reclamado después -de nuevo, de manera sencilla.

Volviendo a la pregunta del inicio, ¿cuál es el precio de mi obra y durante cuánto tiempo debería de explotarse? No tengo la respuesta, sólo tengo una opinión.

¿Debe el creador cobrar por su obra? definitivamente sí. Su tiempo y los recursos invertidos deben ser satisfechos pero ¿hasta dónde?. Mi opinión, la que saco después de que todo lo anteriormente descrito de vuelta y vueltas por mi cabeza es la siguiente:

Me pongo en la piel de un creador y  pienso que mi obra debería de tener un “justiprecio” que marcara un punto medio entre lo que quiero cobrar y lo que el cliente quiere pagar por mi obra, un punto medio que nos deje a ambos satisfechos. Además, debería producir beneficios sólo hasta la creación de la siguiente obra, momento en el que quiero que pase a ser propiedad social. Que sea propiedad social quiere decir que NADIE puede sacar beneficio de dicha obra. ¿Y qué considero beneficio? el coste de producción más un 15% de margen industrial. Y, además, me marco un margen máximo de 5 años entre la creación de una obra y otra. Superado ese tiempo, mi obra pasa a ser propiedad social. Eso sí, lo único que reclamo es la autoría, el derecho a que se vincule siempre mi obra con mi nombre.

Pero quizás, lo importante de todo este asunto no sea el plantearnos cómo poner cotas a los derechos intelectuales de una obra, sino intentar tener un acercamiento radicalmente distinto al asunto, no desde el punto de vista individual sino desde el punto de vista social. Es decir, no pensar hasta dónde quiero yo sacar beneficio de mi obra sino en qué momento lo podrá sacar la sociedad.

Para mi, lo más importante de mi propuesta es la connotación moral por encima de la onerosa. Creo que lo arriba descrito es justo porque moralmente creo que lo es. Creo que no puedo, ni debo, pasarme la vida viviendo de un solo trabajo, que mi trabajo debe de ser compartido por todo el mundo cuando este ya haya sido amortizado.

Así es como yo lo veo. Esa es mi propuesta en un mundo ideal en el que el pensamiento colectivo está por encima del beneficio individual. ¿Naïve? Sin duda, pero tengo la firme convicción de que todo lo que está pasando hoy en día, las revoluciones que estamos viviendo, nos conducen poco a poco a una sociedad en la que se empiece a valorar lo colectivo por encima de lo individual.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Filosofía, Política y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a Propiedad Intelectual vs Propiedad Social

  1. Jorge dijo:

    Impresionante, un 10

  2. conchibiri dijo:

    naïf quique naïf que eres masculino…como no puedo corrgeir otra cosa :-))

  3. Inma dijo:

    Muy buen artículo. Me quedo con varias ideas pero la que más me gusta es la de que pasemos de una mentalidad más individual y consumista a una más global, social… Apuesto por esa mirada medieval sobre la creación, el texto, una vez que sale de las manos del autor ya no es suyo, es de todos. Gonzalo de Berceo decía que lo único que pedía por sus versos era un buen vaso de vino.

    Gracias por compartir tus reflexiones

  4. luis dijo:

    Posiblemente el debate sobre los derechos de autor (música y cine por ejemplo que son los más socorridos) no sería tal si el 90-95% de lo que se invierte en la adquisición de la obra no fuera a manos diferentes al autor. El problema de los derechos de autor (mi opinión) son los márgenes de los intermediarios. En realidad es el mismo problema de tantos y tantos generadores de productos, sean obras creativas, alimentos o lo que sea.

    Por cierto Kike, cual es el coste de producción de una sinfonía? 😉

    • lavisionsencilla dijo:

      Completamente de acuerdo contigo Luis, al final el problema es que la mayor parte de los ingresos se los quedan los intermediarios, pero no menos cierto es que los creadores también pueden elegir el tipo de derechos que quieren cobrar y si trabajan con intermediarios o no. No digo que sea fácil, pero al final todos podemos elegir, los creadores cómo distribuir su obra y qué tipo de derechos aplicar (GNU, Creative Commons, Derechos de Propiedad…), las distribuidoras hasta dónde exprimir y los consumidores si comprar o no comprar.

      ¿Cuánto cuesta una sinfonía? Más o menos lo mismo que hacer una página web, es decir, depende de cómo quieras cobrar tu hora de trabajo 🙂

  5. Hola Enrique:
    Gracias por tus generosas palabras y por dedicar tanto tiempo a esta reflexión.
    En el aula virtual te he dejado algunas notas y valoraciones.
    ¡Saludos!

  6. Javi dijo:

    Hola Quique! ya te dije que de vez en cuando me pasaba por aquí… lo más curioso es que me detengo a leer sobre tus inquietudes 🙂

    Como varias respuestas anteriores, me sumo a la felicitación por el artículo. Eres grande.

    Tenía pensado aportar algo sobre el tema pero he recordado que hace poco leí otro artículo de alguien con más conocimiento de causa y más autorizado que yo, el cual exponía un punto de vista interesante… una posible vía por la que enfocar todo este peliagudo asunto. Espero que no todos lo hayáis leído ya 😀

    Como comentaba es otro artículo de un blog personal, por lo que también está sometido a respuestas de sus lectores. Matizo esto porque en ellas, buscando, se pueden leer puntos de vista de supuestamente autores también, diferentes al del “bloguero” y a veces en contra de lo expuesto por este.

    Enlace: http://paulocoelhoblog.com/2012/01/20/welcome-to-pirate-my-books/

    1abrazo.

    PD: Tenemos una cerveza pendiente.

  7. Jorge dijo:

    Es la pescadilla que se muerde la cola, proteger a los creadores/autores o proteger a los consumidores. Parece ser una dicotomía dificil de dilucidar. Como bien indicas el justo precio y un plazo de explotación justo debería ser definido por entes internecionales que pongan en cuestion si una idea puede explotarse durante mucho tiempo poniendo a los consumidores en una situación desfavorable respecto a los autores, y más cuando ya han sido condenados a través de tasas o canones aunque no hayan cometido los delitos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s