De casa al trabajo y del trabajo a casa

Este es el nombre de la última campaña de la DGT enfocada a prevenir los accidentes in itinere. Sin entrar en detalles sobre si es acertado o no hacer campaña sobre esto -que requeriría un debate al margen y que se escapa de los temas que quiero tratar en este blog- lo que me ha llamado la atención es el mensaje de las cuñas de radio, algo así como:

– Te vienes a tomar algo después del trabajo

– No, ya sabes, yo, de casa al trabajo y del trabajo a casa.

Disculpas si no lo he transcrito tal y como es, pero el espíritu era básicamente es. Y este mensaje me parece distar bastante de la intención original de la campaña.

Por otro lado, otra campaña que me chocado bastante este verano ha sido la de FAD. En esta campaña dicen que los jóvenes españoles le dedican 144 horas al alcohol en verano. Para aleccionar, ponen como ejemplo que en esas 144 horas se puede aprender a surfear, a montar en monopatín o a tocar la guitarra.

Es probable que las conclusiones que saco de estas dos campañas y de las últimas decisiones políticas sean obra de mi perturbada mente, no lo niego, pero cada vez tengo más la sensación de que detrás de todo eso hay otra intención más allá de la visible, una especia de mensaje subliminal subyacente.

Fue en 1957 cuando por primera vez se testaron los efectos de la publicidad subliminal, o eso se hizo creer al público general. En realidad no se habían testado, pero sí se elaboró un informe que decía que esta podía llegar a influir de manera decisiva sobre los hábitos de consumo de los consumidores. Es irónico que la “publicidad subliminal” de la publicidad subliminal tuviera un efecto directo sobre los gobiernos de todo el mundo y en muchos países se prohibiera este tipo de prácticas.

Para el que no lo sepa, la publicidad subliminal es lanzar un mensaje subyacente dentro de otro (ya sea una película, un anuncio o una cuña de radio), que tu cerebro sea capaz de captar en tu parte inconsciente, aunque no la consciente. El ejemplo clásico es el de la proyección de un fotograma de una coca-cola fría durante una película que, mostrándolo en repetidas ocasiones, hacía que la audiencia se levantara a por una bebida.

La sensación que tengo es que el mensaje subyacente que nos están tratando de inculcar (inocular sería más apropiado) es: no compres, no socialices, quédate en casa, aislado y temeroso del mundo que te rodea.

La campaña de la DGT no te dice que tienes que tener más cuidado en los recorridos entre casa y el trabajo. Lo que te está diciendo es que no hagas otra cosa que no sea ir de casa al trabajo, no quedes con tus compañeros para tomar una cerveza (aunque sea una 0,0), no tengas vida más allá de las cuatro paredes en las que trabajas o en las que vives.

La de la FAD es similar. Todo el mundo ha crecido saliendo con los amigos, haciendo botellón y saliendo de fiesta. Es una parte importante del crecimiento personal del adolescente, una época en la que define sus límites y crea relaciones y grupos que durarán toda la vida. Creo que no es correcto demonizar la socialización necesaria para formarnos como individuos sencillamente porque haya alcohol de por medio. Hay que educar para el consumo responsable, no hacer creer a la gente que salir de noche con los amigos es malo, porque no lo es.

Si a esto le sumamos que los políticos (y las noticias) no hacen más que repetirnos todo el día que para salir de la crisis y reactivar la economía hay que hacer esfuerzos, y que esos esfuerzos pasan por subir el IVA, recortar salarios, quitar pagas extras y renunciar a la mayoría de los derechos que los trabajadores hemos conseguido durante los últimos 30 años en España. Yo no soy economista, pero entiendo que si queremos reactivar la economía, ¿no será mejor que la gente tenga más dinero para gastar en lugar de menos? Si tienes menos dinero y, además, los productos básicos te cuestan más caros, entonces alcanzamos un punto en el que lo que tenemos es prácticamente una economía de subsistencia.

En resumen, nos meten miedo, nos recortan derechos y poder adquisitivo y, para colmo, demonizan las actividades sociales.

Y todo esto, ¿por qué? No lo sé, quizás porque quieran crear una Europa de dos o tres velocidades donde convertir a los países del sur en la nueva China: sueldo bajos y gente con miedo a revelarse donde las grandes potencias puedan poner sus fábricas y, además, ahorrarse los costes de transporte en barco desde un país tan lejano. Quizás porque los ricos, para ser más ricos, tienen que hacer que el resto seamos más pobres.

No tengo la respuesta, sólo intento ver las cosas de una manera distinta a como nos la quieren mostrar. Lo que sí sé, es que como sigamos así, con recortes, subidas del IVA, incrementos en el coste del petróleo, etc. al final van a conseguir que nuestra rutina diaria se convierta en un ir y venir de casa al trabajo y del trabajo a casa.

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